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Perú y la crisis de la polarización

Por Máximo Hoch - 10 de julio de 2026
Perú y la crisis de la polarización

Las elecciones presidenciales de Perú vuelven a tener un final de película cuyo final se pelea voto a voto.

Resultado escrutado al 98%. Fuente ONPE

En los sistemas presidenciales no es raro que existan elecciones ajustadas. Después de todo, la indecisión es un hábito humano. Lo que sí resulta llamativo es que esta ya sea la tercera elección presidencial consecutiva en Perú que se define por un margen mínimo, al punto de que las probabilidades de ganar la elección sean las mismas que tirar una moneda, ¿pero por qué pasa esto?

La respuesta más sencilla podría resumirse en una sola palabra: fujimorismo. Pero detrás de ese nombre hay mucho más que un partido o una familia política. Hay una historia de décadas, una profunda división social y una disputa sobre el rumbo del país que sigue marcando la política peruana hasta hoy.

Fujimorismo y Anti-Fujimorismo

Las razones de la gran división política que sufre hoy Perú suelen rastrearse hasta las elecciones generales de 1990. Aquellos comicios dieron como resultado un Congreso muy dividido y la elección de Alberto Fujimori, un ingeniero agrónomo hasta entonces prácticamente desconocido, que llegó a la presidencia con una plataforma centrada en combatir el crimen y detener la hiperinflación que había dejado el primer gobierno de Alan García.

El método con el que el gobierno de Fujimori intentó estabilizar la economía y frenar la inflación consistió en una serie de medidas de ajuste fiscal y apertura al comercio internacional que pasaron a conocerse como el "Fujishock". Aunque en un principio logró implementar varias de estas reformas, Fujimori no contaba con una mayoría parlamentaria en el Congreso, lo que generó constantes choques políticos. A esto se sumaba una grave crisis de seguridad provocada por el accionar de grupos guerrilleros como Sendero Luminoso, que por entonces realizaban atentados y ataques en distintas partes del país. La combinación entre crisis económica, violencia política y enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso fue creando un clima de creciente polarización que culminaría en el autogolpe de estado de 1992, en el cual el congreso fue cerrado y el ejecutivo tomó el control político total.

En los años posteriores al autogolpe, y ya con una nueva Constitución impulsada por el fujimorismo, comenzaron a crecer las críticas hacia el gobierno. Las denuncias por violaciones a los derechos humanos durante la lucha contra Sendero Luminoso, los casos de corrupción, las acusaciones de fraude electoral y la creciente concentración de poder en el Ejecutivo fueron alimentando un sentimiento anti fujimorista que hasta entonces había permanecido relativamente contenido.

Con el paso de los años, ese rechazo comenzó a extenderse a distintos sectores de la sociedad peruana. Incluso figuras cercanas al propio gobierno, como su ex esposa, Susana Higuchi, se convirtieron en críticas del mismo. Así, el anti fujimorismo terminó consolidándose como una fuerza política definida por su oposición al legado de Fujimori.

Keiko Fujimori

En 1994, tras la separación de sus padres, Keiko Fujimori, la hija mayor del mandatario, asumió el rol de primera dama del Perú. Este cargo, que ocupó hasta la renuncia de su padre en el año 2000, le permitió adentrarse en el mundo de la política de una forma mucho más directa y comenzar a construir una imagen pública propia.

Usualmente considerada como la heredera política de Alberto Fujimori, Keiko no tardó en presentarse a elecciones por su cuenta dentro del movimiento político fundado por su padre. Primero fue elegida congresista en las elecciones de 2006, siendo la candidata más votada del país para ese cargo, y luego inició una serie de candidaturas presidenciales que la terminaron convirtiendo en la principal cara del fujimorismo en la política peruana contemporánea.

Polarización y el apoyo regional

Desde las elecciones de 2011, las primeras en las que Keiko Fujimori se presentó como candidata presidencial, comenzó a verse un patrón que se repetiría una y otra vez en las elecciones. Mientras Keiko suele ganar en Lima y en gran parte del norte del país, sus rivales suelen imponerse en las zonas rurales y en el sur peruano con márgenes muy amplios, llegando en algunos casos a superar el 75% de los votos.

Esta división del mapa electoral peruano, que es prácticamente mitad y mitad en términos de electores, tiene mucho que ver con la forma en que distintas regiones vivieron la autocracia de Fujimori. En Lima y parte de la costa norte todavía se conserva una imagen no tan mala. En cambio, en el sur andino y en muchas zonas rurales sigue existiendo un fuerte rechazo al fujimorismo, especialmente por las violaciones a los derechos humanos y las esterilizaciones forzadas que afectaron principalmente a mujeres indígenas y campesinas de esas regiones, además del impacto que tuvieron algunas de sus políticas económicas sobre estos sectores.

Mapa electoral de las elecciones de 2021. Fuente: Wikipedia

Es por eso que las elecciones peruanas en las que participa un candidato del fujimorismo suelen ser algo más que una simple disputa entre candidatos. Ya que estas, en gran medida, siguen funcionando como una discusión sobre el legado de Fujimori. Mientras una parte importante del país continúa viendo al expresidente de forma no tan negativa, otra lo considera responsable de algunos de los episodios más oscuros de la historia reciente peruana. Y mientras esa división siga existiendo, las elecciones probablemente continuarán definiéndose por diferencias mínimas.

Fuentes

https://www.reuters.com/world/americas/leftist-sanchez-gains-traction-ahead-peru-runoff-vote-ipsos-poll-shows-2026-06-05/

https://www.theguardian.com/world/2026/jun/07/peru-election-voters-face-straight-left-right-choice-keiko-fujimori

https://resultadosegundavuelta.onpe.gob.pe/main/presidenciales

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-56243650

https://www.france24.com/es/programas/historia/20220324-fujimori-peru-presidencia-polemica-historia

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Por tercera elección presidencial consecutiva, Perú volvió a definir a su presidente por un margen mínimo. Pero detrás de estos resultados tan ajustados hay una historia que comenzó hace más de tres décadas y que sigue marcando la política del país.

¿Por qué las elecciones peruanas son tan polarizadas? ¿Y qué tiene que ver el legado de Alberto Fujimori con todo esto?

Sobre el autor

Máximo Hoch